México 86: una oda a la corrupción tan olvidable como inverosímil

México 86: una oda a la corrupción tan olvidable como inverosímil

José Manuel Ríos Guerra

Cada Mundial produce una avalancha de relatos. Durante unas semanas, el futbol deja de ser únicamente un espectáculo deportivo para convertirse en una industria cultural: aparecen libros, exposiciones, documentales, obras de teatro y películas que intentan colgarse del interés colectivo por el torneo.

México 86 (Gabriel Ripstein, 2026) tenía frente a sí uno de los momentos más complejos de la historia reciente en México. Lo sorprendente es que consigue vaciarlo de buena parte de su relevancia histórica. 

La cinta sigue a Martín de la Torre (Diego Luna), un operador político involucrado en las negociaciones, favores y maniobras que rodearon la organización del Mundial México 1986, mientras intenta abrirse paso entre empresarios, dirigentes deportivos y funcionarios del régimen priista.

La película asume que basta con mencionar algunos acontecimientos y contarlos con humor para construir una sátira política. Sin embargo, todo se cuenta sin demasiada lógica dramática y los personajes actúan de acuerdo con las necesidades del guion, no con las reglas del mundo que la propia película intenta construir.

Uno de los problemas más notorios es que varias escenas sugieren un conocimiento muy superficial del futbol. El ejemplo más evidente ocurre cuando Martín de la Torre desciende hasta la cancha para animar a los jugadores de la selección antes de los penales frente a Alemania. La escena revela una incomprensión elemental del futbol como práctica profesional. Nadie involucrado en la organización de un Mundial podría irrumpir en una tanda de penales para dirigirse a los jugadores.

Algo similar ocurre en el desenlace con la discusión entre Martín de la Torre y Emilio Azcárraga Milmo, el Tigre (Daniel Giménez Cacho). La escena está construida como una confrontación definitiva entre dos figuras de poder, pero resulta artificial, exagerada y más cercana a una telenovela.

En México 86 la corrupción termina convertida en un espectáculo superficial. La película la muestra como si se tratara de una forma de ingenio nacional; una demostración de astucia más que un problema estructural. Al hacerlo, termina confundiendo crítica con fascinación y celebrando aquello que supuestamente pretende cuestionar.

Paradójicamente, algunos de los momentos más interesantes aparecen cuando la película abandona la caricatura política y se concentra en retratar a ciertos personajes históricos. Guillermo Cañedo (Álvaro Guerrero) se presenta como alguien incapaz y al que todos tienen que decirle qué hacer. Hugo Sánchez (Memo Villegas) tampoco recibe un tratamiento heroico: la película lo muestra más preocupado por su propia imagen que por el destino de la selección. 

Aun así, la decepción que produce México 86 se vuelve más evidente cuando se la compara con otras películas. Tanto Argentina, 1985 (Santiago Mitre, 2022) como 1976 (Manuela Martelli) parten de acontecimientos concretos de la historia de sus países, pero entienden que la memoria histórica no se construye únicamente mediante la reconstrucción de hechos, sino a través de personajes capaces de transmitir el peso emocional de una época.

Argentina, 1985 convierte el Juicio a las Juntas en una experiencia conmovedora porque nunca pierde de vista a las personas que intentan hacer justicia. El espectador comprende la importancia política del proceso precisamente porque experimenta el miedo, las dudas y la valentía de quienes participaron en él.

Algo semejante ocurre con 1976. Aunque aborda la dictadura chilena desde una aparente tangente, su perspectiva íntima y cotidiana consigue transmitir la atmósfera de temor, vigilancia y violencia que atravesaba la sociedad chilena.

Ninguna de estas películas necesita explicar constantemente la importancia histórica de los acontecimientos que retrata. El significado histórico emerge de los personajes y de sus conflictos.

No basta con elegir un acontecimiento histórico importante para hacer una buena película. En un país donde el Mundial de 1986 forma parte de la memoria colectiva, México 86 encuentra la manera de convertir uno de los episodios más extraordinarios de la historia reciente en una anécdota olvidable.

México 86 (México, 2026). Dirección de Gabriel Ripstein. Guion de Gabriel Ripstein y Daniel Krauze, basado en El 86: el año en que México cambió al mundo de Francisco Javier González. Fotografía de Emiliano Villanueva. Con Diego Luna, Karla Souza, Daniel Giménez Cacho, Álvaro Guerrero, Davor Tomic y Juan Pablo Fernández.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *